15 dic 2018 – 12:00 AM

TEMAS: Migración

No producen ningún resultado

Es entendible que dada la difícil situación económica que afronta el país, las firmas que tanto el presidente Varela como la canciller De Saint Malo estamparon en el Pacto Mundial para la Migración Segura, ocurrida en Marrakech, Marruecos, suscita ansiedades y aprensiones. El acto llegó hasta el terreno político, cuando el candidato Cortizo del PRD declaró: “Panamá es nuestra casa, nuestro hogar. Nosotros decidimos quién entra y quién se queda”. A lo que ripostó el exministro de Trabajo Luis Carles, que “esta declaración no es vinculante, prevé una migración ordenada”. Hay dos puntos que resaltar. El primero es qué utilidad da la firma de un documento no vinculante, el cual exime al país firmante de toda obligación de cumplimiento. El segundo es que como ha quedado demostrado con las olas migratorias que se han dado principalmente en Europa en la segunda década del siglo XXI, los países rara vez pueden ejercer un férreo control sobre sus fronteras. Resulta a la vez irónico que sea un presidente panameñista el que haya firmado tal documento, siendo la Constitución de 1941, promovida por la administración del presidente Arnulfo Arias, una de las más racistas y xenófobas. Como menciona la escritora Mónica Guardia: “ Las leyes chauvinistas, racistas y discriminatorias han absorbido largas horas de debate en nuestros cuerpos legislativos”.

No falta irnos a la historia para probar el resultado de estos cónclaves migratorios. En 1938, en la ciudad de Evian, Francia, se dio una conferencia propiciada por el presidente Roosevelt para discutir la migración judía en respuesta a las brutales medidas del régimen nazi en Alemania. La concertación duro nueve días en el caluroso julio francés. Por razones obvias ni Alemania ni Italia ni Japón participaron. La Unión Soviética y otros países se limitaron a mandar observadores. Sin embargo, se contó con la delegación de 32 países (Panamá asistió), aunque la mayoría de las delegaciones provenía de la representación de estos países establecidas ya en París. El resultado fue un rotundo fracaso. Solo México y Venezuela aceptaron un número plural de refugiados. República Dominicana, que se había ofrecido a dar asilo a 100 mil, terminó aceptando solo mil 200. Ningún país elevó sus cuotas de migración.

En medio de los fragores de la Segunda Guerra Mundial, tuvo lugar la Conferencia de Bermuda, que se dio del 19 al 30 de abril de 1943. También sobre refugiados judíos. Basta para analizar el resultado al mencionar que ni siquiera Gran Bretaña, que controlaba Palestina bajo su mandato, permitió elevar la cuota de refugiados. Szmul Zyglelbojm, consejero del Gobierno polaco en el exilio, se suicidó en protesta.

Es loable que más de 160 países han respaldado el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular. Louise Arbour, representante especial de la ONU para la Migración, la calificó como un triunfo completo del multilateralismo. La pregunta es obligatoria: ¿por qué con tan magros resultados se siguen hacienda este tipo de pactos y conferencias? ¿Será porque ofrece a los políticos de turno una plataforma en la que resaltan políticas altruistas, solidarias y humanistas?

Ezra Homsany

El autor es empresario