13 sep 2019 – 12:00 AM
TEMAS: Opinión
Nuestros países de Occidente, valga la redundancia, no pierden la oportunidad-de perder una oportunidad. Cuando la Unión Soviética y sus Repúblicas implosionaron en 1990, haciendo de la Guerra Fría una necesidad anacrónica, a las democracias de Occidente se le presentó la oportunidad de atraer a Rusia a la órbita de los valores liberales y de los gobiernos constitucionales. Ese país incluso trató de pertenecer a la OTAN, alianza militar geopolítica creada para enfrentar el otrora imperio soviético.
Sin embargo, se limitaron a aceptar a los estados que conformaban el Pacto de Varsovia, algunos de los cuales rodeaban a Rusia, trayendo consigo la paranoia histórica y en el proceso haciendo posible que emergiera un líder populista, autoritario y claramente hostil a los valores Occidentales como Vladimir Putin.
Este devenir ahora se repite en Colombia. Hace unas semana vimos en un video como Luciano Marín, alias Iván Márquez, negociador jefe y clave de las Farc, acompañado de Romana, El Paisa, Aldinever y el Loco Iván , denunció la traición al Proceso de Paz firmado en el 2016 en La Habana. En otras palabras, la vuelta a las armas. Las razones, según el periodista Alexander Fattal, son varias. Con la elección de Donald Trump en Estados Unidos e Iván Duque en Colombia, se resquebrajó el apoyo político. Ya antes en un plebiscito realizado el 2 de Octubre del 2016 , una mayoría simple de colombianos había rechazado la paz con las Farc.
Este referendum es indicativo del grado de polarización existente en el país.
Cuando Duque, el delfín del ex-presidente derechista Alvaro Uribe toma el poder en el 2018, se confirma la línea dura hacia los Acuerdos. Fattal escribe de asesinatos sistemáticos a líderes sociales y a guerrilleros desmovilizados. Alega que muchas de las reformas no se cumplieron. A su vez, Trump retira al embajador Bernard Aronson, diplomático que trabajó en las negociaciones y conocedor del ámbito político colombiano.
Otro periodista, Ariel Avital, en un articulo que titula “Los Riesgos del rearmamento de las Farc”, aparecido en El País, describe de los peligros que ahora se ciernen sobre la nación colombiana. Según él, los grupos disidentes son ahora 23 y constan de mil 800 guerrilleros, mas 300 o 400 nuevos reclutas. Las antiguas Farc operaban en 300 municipios, de los cuales desmovilizó a 13000 guerrilleros y entrego 8000 armas.
Estos 23 grupos disidentes no son monolíticos. Los que operan en el pacífico colombiano son independientes al de los Llanos Orientales. Por otro lado, el ELN controla Arauca y el estado venezolano de Apure, Catatumbo y un sector del área metropolitana de Cúcuta. Lo nuevo, según Ariel, es que estas dos disidencias políticas y armadas podrían unirse. Si este escenario no es lo suficientemente explosivo, también tendríamos que tomar en cuenta el Cartel del Golfo, conformado principalmente por un grupo de paramilitares desmovilizados.
Y ahora, con el apoyo del régimen de Maduro, esta el factor venezolano. La guerrilla opera en la frontera con Venezuela, región donde para todos los propósitos prácticos , disfrutan de apoyo e inmunidad, y en la cual se trafica en drogas, petróleo, y el nuevo oro tecnológico, coltán.
El peligro es que 10 mil, de los 13 mil guerrilleros desmovilizados , podrían reincorporarse. Lo que Ariel describe como “una desbandada hacia las disidencias”. Ojalá este no sea el caso. Pero lo cierto es que los “Perros de la Guerra” han sido soltados y se pueden convertir en jauría.
Ezra Homsany
El autor es empresario