23 ene 2020 – 12:00 AM

TEMAS: Guatemala

Las inesperadas consecuencias

Inspirado por la lectura del último libro de Vargas Llosa, Tiempos Recios, que entre otras cosas se refiere al golpe de Estado que acabó con el gobierno de Jacobo Arbenz en Guatemala, en 1954, emprendí un viaje a ese país. Ya se han hecho bastantes reseñas y comentarios sobre este libro, que si no es el mejor que haya escrito el Nobel peruano, es bastante ilustrativo, mezclando historia y ficción, de lo que aconteció en el país centroamericano. Arbenz, que sucede a Juan José Arévalo como segundo presidente de la llamada “Primavera Democrática”, que se dio al acabar la dictadura de Jorge Ubico, sale a relucir como un militar decente, competente e idealista que trató de enmendar, con su Reforma Agraria, el permitir la constitución de sindicatos, y el cobro de impuestos al “pulpo”, la así llamada United Fruit Co., que ejercía el monopolio en la exportación de bananos en Guatemala, Honduras, El Salvador, Costa Rica, Panamá, Colombia y las islas caribeñas. Ya en plena guerra fría, esto no convenía a la United Fruit ni a las oligarquías ni a la Cía y al imperialismo norteamericano. Con la nefasta ayuda del embajador de Estados Unidos John Peurifoy, se montó una poderosa campaña mediática en la que se tildaba a Arbenz de comunista o protocomunista. Después de una cena de seis horas con el presidente, Peurifoy declaraba: “Arbenz hablaba como comunista, pensaba como comunista y, si no es, se comportaría como tal hasta que llegue uno”. Falaz mentira. Y agregaba: “No podemos permitir que una república soviética se establezca entre Texas y el Canal de Panamá”. Con la ayuda de un llamado Ejército Liberacionista, y la negra mano de los dictadores Somoza y, sobre todo, Trujillo, se montó una invasión desde Honduras, en 1954, que hasta contaba con pilotos norteamericanos que bombardearon muchas veces la capital guatemalteca. Arbenz, noble, prefirió dimitir antes que someter a su país a inaguantables penurias.

Pero yo, ya estando en Guatemala, pude conseguir una verdadera joyita histórica, el libro al que el mismo Vargas Llosa le dedica mucha inspiración, escrito por el autor dominicano Tony Raful, y titulado La Rapsodia del Crimen, Trujillo vs. Castillo Armas. En este estudio, Raful prueba, fuera de toda duda, cómo la mano siniestra y despiadada de Trujillo –el dictador dominicano llamado “el pequeño César del Caribe”– ordenó ultimar , con la ayuda de su secuaz y sanguinario Johnny Abbes García, a Carlos Castillo Armas, el coronel que sucedió a Arbenz y que supuestamente encabezaba a los llamados “liberacionistas”, Este hecho ocurrió el 26 de julio de 1957. ¿Cómo lo hizo? Congraciándose con Castillo Armas al ponerle a su disposición una fuerza de seguridad integrada por dominicanos y presidida por Johnny Abbes. Lograron que se culpara del asesinato a un soldado de su custodia, al que le atribuyeron simpatías moscovitas y que, dizque después del atentado, se suicidaría. Abbes nunca había sido policía ni militar; en cambio era un comentarista deportivo y miembro de la Comisión de Hípica que alguna vez leyó en un periodico dominicano que desde México se ofrecía un curso policial, el cual tomó por correspondencia. Mala hora. En su historial se pueden mencionar los intentos de asesinato de Rómulo Betancourt, en Venezuela, y José Figueres, en Costa Rica, todos bajo órdenes expresas de Trujillo. Muchos antitrujillistas y disidentes extranjeros enemigos del dictador lo pagaron con su vida. Pero, ¿por qué Trujillo se ensañó con Castillo Armas, pese a que este no representaba ninguna amenaza política, ideológica o militar a su régimen? Por increíble que parezca, entre otras razones, porque no se otorgó la condecoración de la Orden del Quetzal. Después de toda la ayuda prestada en logística, el dictador sintió que Castillo Armas no había sido lo suficientemente agradecido, y lo mando a asesinar con ayuda de Enrique Trinidad Oliva, que era su jefe de seguridad, y otros militares descontentos con Castillo Armas.

Tony Raful también se refiere a la destitución de Arbenz, comentando que, pese a la magnanimidad de su persona, cometió crasos errores. Se fue de frente contra la todopoderosa United Fruit, en la que John Foster Dulles, secretario de Estado de Eisenhower, era accionista, y que sin poseer cohesión social ni fuerte apoyo de su ejército, menospreció el poder del imperialismo norteamericano.

En 1954, Ernesto Che Guevara se encontraba en Ciudad de Guatemala, vendiendo enciclopedias para ganarse la vida. Allí vivió de primera mano la caída de Jacobo Arbenz. De ésta, tanto él como Fidel sacaron valiosas enseñanzas. La primera es que para asegurar la vigencia de un régimen revolucionario hay que desmantelar el ejército existente y crear uno nuevo. La segunda es que la subsistencia del nuevo régimen dependerá del apoyo de otra superpotencia para contrarrestar a Estados Unidos. En el caso cubano , la Unión Soviética.

Los hermanos Dulles , que dirigían la Secretaría de Estado y la Cía, y el embajador Peurifoy, de la administración Eisenhower, consumaron un grave error histórico al no percibir que las reformas de Arbens le evitarían a Latinoamérica décadas de radicalismo de izquierda y, que tan solo en el caso de Guatemala, una guerra civil que causaría 250,000 víctimas y que terminaría en 1996. Aún estando Arbenz presente en la Plaza de la Revolución el 1 de mayo de 1960, como invitado especial de Fidel, este último lo humilló, al declarar que él no era Jacobo Arbenz, y que en Cuba nunca se daría lo de Guatemala.

Recomiendo entusiastamente estos dos libros: el de Vargas Llosa es fácil de obtener; el de Tony Raful, casi imposible.

EZRA HOMSANY

El autor es empresario