07 feb 2019 – 12:00 AM

TEMAS: Venezuela Opinión

A pesar de las devastadoras sanciones que la administración Trump ha impuesto a Pdvsa y al gobierno de Maduro en Venezuela, no comparto la opinión de la mayoría de los analistas políticos en que la caída de su gobierno es inminente. Incluso Iván Duque, el presidente colombiano, vaticinó que al dominio chavista le quedan pocas horas. Esta encrucijada trae un déjà vu a mi memoria y me traslada a febrero de 1988, cuando el gobierno de Estados Unidos reconoció a Eric Arturo Delvalle como legítimo presidente de Panamá y congeló cuentas que el régimen de Noriega mantenía en ese país, lo que hasta cierto punto provocó el cierre de la banca y la casi paralización de la economía panameña. La caída del régimen solo se produjo tras la invasión del ejército norteamericano en Diciembre del 89.

A pesar de importantes diferencias, encuentro similitudes en ambos casos. Maduro, como el general Noriega en su tiempo, se sostiene prácticamente por la fuerza de las armas. Como dice el analista Phil Gunson: “Los militares venezolanos salieron de los cuarteles para ocupar posiciones de mando en otras áreas”.

El Ejército bolivariano mantiene un control de bancos y otros servicios financieros. Por eso, como incentivos a su lealtad, pueden manejar enormes cantidades de dinero. La petrolera estatal y la joya de la corona de la economía venezolana, Pdvsa, la dirige un general de la Guardia Nacional. La minera Caminpeg, está bajo el mando de un general del Ejército. Y el dominio de la Gran Misión de Abastecimiento Soberano (GMAS) la regenta el ministro de Defensa. A todo esto, los militares venezolanos están sometidos a la vigilancia del aparato de inteligencia y contrainteligencia, controlados por asesores cubanos. Por eso, los llamados de la oposición a una amnistía caen en oídos sordos. Como dice Gunson: “No solo están haciendo dinero sino están en situaciones muy comprometedoras”. Los militares controlan 14 de 32 ministerios. Además, el régimen de Maduro creó un programa de comida subsidiada que beneficia a 12 millones de personas.

Según la Constitución venezolana, “la Fuerza Armada Nacional constituye una institución esencialmente profesional sin militancia política”. Su jefe, el general Padrino López, se describe como “un soldado bolivariano, decidido y convencido de seguir construyendo la patria socialista”.

¿Cómo puede sobrevivir este régimen? La economía no se paraliza. Además, muchos la describen como una narco dictadura, y la plata del lavado de dinero los puede ayudar a sostenerse. Eventualmente, el petróleo destinado para Estados Unidos se puede desviar a India y China, otros clientes del crudo venezolano. Por eso, para Jeffrey Sachs, el director del Centro para el Desarrollo Sostenible, la salida a la crisis venezolana solo se puede realizar si se llega a un consenso; no con un ganador que se quede con todo. Sachs trae como ejemplo la situación de Polonia en 1989. Décadas de gobierno comunista se revirtieron con la negociación entre el régimen y la oposición. En este caso, el presidente siguió siendo comunista, mientras el primer ministro fue nombrado por la oposición. Eventualmente, el sistema político se volvió democrático.

El control del Ejército Bolivariano es clave para la salida del régimen chavista. Se calcula que el 97% de las fuerzas armadas está sufriendo igual que la población. Solo el restante 3% recibe considerables ingresos, por medios legales e ilegales. Tal vez, y en eso radica la esperanza, puede haber un golpe de Estado producido por los mandos medios del Ejército.

Ezra Homsany

El autor es empresario