Por décadas, Estados Unidos (EU) ha mirado furtivamente a Latinoamérica con una mezcla de indolencia que peca hasta de negligencia. Algún golpe de Estado o un líder demagogo o carismático, como Hugo Chávez, de vez en cuando atraía su atención. Pero no por mucho tiempo. ¡Cómo han cambiado las cosas con la elección de Donald Trump! Ahora no pasa un tiempo para que periódicos importantes, como The Washington Post y The New York Times, traten de extraer algún indicio de la experiencia política latinoamericana y de lo que le espera bajo la presidencia de Donald Trump.

The New York Times, en su edición del 17 de diciembre, trae sendos artículos en cuestión. El primero es escrito por Ariel Dorfman y habla de las elecciones chilenas de 1970 y de lo que constituyó el gobierno de Salvador Allende, citando un paralelo entre la intervención de la CIA en esa época en Chile, y el supuesto hackeo cibernético a las computadoras centrales del Partido Demócrata por parte de Rusia en las pasadas elecciones estadounidenses. Alega que para el latinoamericano, a diferencia del electorado estadounidense, estas intervenciones no son nuevas ni únicas. Habla de cómo, desde el principio, la CIA, por instrucciones del entonces presidente Richard Nixon, hizo todo lo posible para que Allende no saliera elegido, y una vez que lo fue, tramó una guerra económica para desestabilizar su régimen. Es por eso que titula su escrito como que ahora EU sintió en carne propia lo que Chile experimentó en esa época.

El segundo artículo se refiere a los regímenes populistas en Latinoamérica. El populismo consta de cuatro fases. En la primera el gobierno hace crecer el empleo y el salario real. Como consecuencia, en la segunda aumenta la inflación y crecen las deudas. Estas medidas hacen que aumente el déficit fiscal y el régimen se ve obligado a aumentar la emisión monetaria para su financiación. En la cuarta fase, por así llamarla, se trata desesperadamente de componer los platos rotos. El artículo fue escrito por un periodista que tuvo que dejar el Ecuador, al ser perseguido por el régimen de Rafael Correa. Habla de Juan Domingo Perón de Argentina y de su demagogia con los “descamisados”. Explica cómo el gobierno de su país se hace con el control de los medios de comunicación, imponiéndole multas exorbitantes a los periódicos que no lo apoyan. Describe lo que fue el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela. El régimen en este populismo se hace llamar a sí mismo el único representante del poder popular. Somos “nosotros” contra “ellos”. Y, muchas veces, culpa a los extranjeros y a la inmigración (¿suena conocido?), de la crisis económica que sufre el país. También menciona al gobierno de Fujimori en Perú. Estos gobiernos proclaman el autoritarismo y tratan de mermar las instituciones democráticas, a las que ven como una engorrosa molestia. Ambos artículos recuerdan que las instituciones democráticas son las únicas que garantizan un gobierno justo y estable.

23 de diciembre 2016