11 mar 2020 – 12:00 AM
TEMAS: coronavirusOpinión
Hace una semana regresé de un viaje o periplo que me llevo a Madrid, Barcelona, Jerusalén y Salamanca. No soy epidemiólogo ni menos doctor en nada, pero lo único que puedo escribir con absoluta certeza es que el coronavirus Covid-19 ha llegado a Panamá. Lo que no pudieron Trump y los populistas con sus medidas proteccionistas, antimigratorias, y nacionalistas, lo está logrando este nuevo brote de coronavirus. Según Wikipedia, la desglobalización es: “un proceso de disminución de la interdependencia y la integración entre ciertas unidades en todo el Mundo, por lo general en los Estados-Nación”. En periodos históricos como los comprendidos entre 1850-1914, 1950-2007, por ejemplo, la gobalización ha sido la norma. Han habido intercambios de bienes y servicios, flujo de personas y altas tasas migratorias, con inversiones directas de capital entre los Estados. Pero otras épocas, como la comprendida entre 1914-1970, reflejan un retroceso. La Ronda de Uruguay de 1993, que creo la Organización Mundial de Comercio, se encuentra amenazada. Y este fenómeno no comenzó con Trump. Ya los presidentes Bush y Obama de Estados Unidos habían emprendido el “Buy American Act”, para en parte proteger la industria nacional. Pero, aparte de la crisis financiera del 2008, “una desaceleracion de la actividad comercial y financiera son evidentes desde el 2013”. Según las proyecciones del Banco Mundial, entre el 2018 y las anticipadas para el 2020, marcan una clara disminución.
Volvamos al coronavirus. Este es llamado así por la figura que exhibe en un microscopio electrónico. Al detectarlo, todos los países están imponiendo medidas de cuarentena. Pero esta es un fenómeno social, y a veces para ser implementada depende del factor voluntad de la población. Mientras que una pandemia, según la definición de la OMS del 2009, es “infecciones por un agente infeccioso, simultánea en diferentes países, con una mortalidad significativa en relación a la proporción de la población infectada”. Cuando llegué a España e Israel, no note pánico en el público, salvo una que otra mascarilla, que según me han dicho, no amortigua casi en nada el contagio de este coronavirus. Al salir del país ibérico, se había detectado un solo caso, propiamente en Tenerife, de un turista que provenía del norte de Italia. Seguidamente toda la manzana donde se encuentra el hotel fue acordonada. Al arribar a Israel, también al principio, lo mismo. Pero días después se detectaron casos en un grupo de 180 surcoeranos que habían visitado, entre otros sitios, los lugares santos y centros comerciales. Hoy hay más de 100 mil israelíes en cuarentena. Todas las personas que lleguen de Italia, Francia, Alemania, España, etc., tienen que someterse a una cuarentena, sin excepción, por 14 días. Ya no hace falta erigir muros. Pero, ¿son estas medidas efectivas? Y, ¿cuales serán las ultimas consecuencias?
He leído en varios periódicos que algunos infectólogos están contra ellas. Las fronteras, los puertos y los medios de transporte son altamente porosos. Sugieren que mas que aislar a la población, hay que entrenarlas a cómo lidiar con esta epidemia. Tratar de instruir y recordar que hasta ahora, la tasa de mortalidad se sitúa entre el 2% y el 3% de los infectados. Todas las medidas de protección deben ser, principalmente, para el personal de salud pública, que en última instancia, son las que tendrán que lidiar con la posible pandemia. También hay que recordar que si los casos del coronavirus desbordan los hospitales públicos y privados, los pacientes que sufren de otras enfermedades crónicas y altamente peligrosas, como lo son el cáncer, las cardiovasculares, la influenza, etc., no podrán ser debidamente atendidos y serán enviados a casa. La mayoría de la población ingiere medicinas genéricas, al ser las originales altamente costosas. Estas provienen principalmente de la India y China. Al cerrar sus fronteras e imposibilitar el flujo de trabajadores que ingresen a las fábricas y laboratorios, la producción se verá altamente mermada. Según varios epidemiólogos, esto es tan grave como el Covid-19.
La globalización fue beneficiosa en muchos aspectos. El PIB mundial se ha multiplicado por un factor de 62 desde 1960, según los economistas. Más del 86% de los adultos han sido alfabetizados. La esperanza de vida ha pasado globalmente de 52, en los años 60, a mas de 72 en el 2017. Pero también ha sido marcada por un aumento en la desigualdad, pérdidas de puestos de trabajo y, para los ambientalistas, una continua erosión de los recursos naturales. La revista The Economist tildó esta lenta vuelta a la desglobalización como “slowbalisation”, y lo describe como un fenómeno transitorio o el fin de una época.
Hoy la cantidad de personas contagiadas rebasó las 118,000.
EZRA HOMSANY
El autor es empresario